Cada 12 de octubre de cada año, República Dominicana y varios países hispanoamericanos, junto con Estados Unidos, se conmemora el Día de la Raza. Esta fecha histórica marca el encuentro de dos culturas que tuvo lugar en 1492.
Esta celebración no solo rinde homenaje a este momento trascendental de la historia, sino que también destaca la diversidad cultural y el mestizaje que han caracterizado a América desde entonces.
Su celebración se remonta a principios del siglo XX, cuando en 1913 el presidente de la Unión Ibero-Americana Faustino Rodríguez-San Pedro eligió esta fecha como Fiesta de la Raza para unificarla en España e Iberoamérica.
Se conmemora el descubrimiento de América por el navegante Cristóbal Colón en 1492, que algunos consideran un día de encuentro entre culturas. Y aunque posiblemente el arribo a este nuevo mundo sea el hecho capital del Renacimiento y el mundo no volvió a ser el mismo desde entonces, también es cierto que el periodo de conquista y colonización que comenzó a partir de esa fecha fue lo suficientemente sangriento y cruel como para merecer la condena de los que han estudiado la historia con suficiente profundidad.
“América no fue descubierta, fue invadida y saqueada” sostienen algunos, y no les falta razón ni pruebas para afirmarlo, porque desde entonces el establecimiento de asentamientos hispanos, la pelea por las nuevas tierras, la participación de las potencias europeas de entonces, generó enfrentamientos que llevaron incluso a buscar la mediación de la Iglesia, que con el Tratado de Tordesillas, establecido por el papa Alejandro VI, dividió las tierras conquistadas entre España y Portugal.
Ese saqueo que señalan y condenan historiadores incluyó también el sometimiento a la esclavitud de poblaciones enteras, lo que terminó en la desaparición de muchas etnias que no quisieron someterse al dominio de los españoles, como también de muchas que sí se sometieron y perecieron en el prolongado suplicio de las largas jornadas de trabajos forzados.
Como aspecto positivo de este encuentro de culturas podemos señalar que la colonización hispana fue menos cruel que la de otras potencias europeas, y además dejó en una enorme superficie un idioma que identifica a las nuevas naciones, con pequeñas variantes, pero que es la lengua de todo un continente, el castellano que nos permite expresarnos, y a veces, entendernos entre países y poblaciones.











