Cómo un aliado clave de EE.UU. en Oriente Medio empieza a mirar hacia China

Uno de los episodios más reveladores de las recientes negociaciones entre representantes de los Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos en Washington fue la advertencia a Abu Dabi sobre el posible uso del yuan en las transacciones petroleras.

Teniendo en cuenta que el comercio petrolero sigue siendo un pilar clave del dominio global del dólar, esta señal no parece ser meramente técnica, sino una indicación de que Estados Unidos se verá obligado a tomar en cuenta la opinión de los EAU.

¿Qué pasó?

Según The Wall Street Journal, el presidente del Banco Central de los Emiratos Árabes Unidos, Khaled Mohamed Balama, planteó la creación de una línea de ‘swap’ de divisas.

Al mismo tiempo, los funcionarios emiratíes dejaron en claro que, en caso de un déficit de liquidez en dólares, el país está dispuesto a utilizar monedas alternativas, incluido el yuan chino, para llevar a cabo operaciones petroleras y otras operaciones de comercio exterior. Formalmente, se trata de reducir los riesgos en un contexto de conflicto, pero el verdadero trasfondo va mucho más allá de la economía.

Panorama general

La moneda de los EAU, el dirham, está vinculada al dólar, y para mantenerla, el país necesita conservar un acceso estable a la moneda estadounidense. Sin embargo, este no es un país que necesite pedir dinero prestado a Washington.

A finales del 2025, sus reservas de divisas alcanzaban los 285.000 millones de dólares, y el volumen de activos en dólares superaba los pasivos en aproximadamente 1 billón de dólares, uno de los indicadores más sólidos del mundo. Las altas calificaciones crediticias no hacen más que confirmar la solidez de la economía.

Esto significa que la señal de una posible transición a monedas alternativas no es una medida forzada, sino un instrumento de presión deliberado.

El descontento se debe más bien a motivos políticos. Los Emiratos están preocupados por las consecuencias que el conflicto regional podría tener para su economía y su condición de centro financiero, encarnado por Dubái.

Las autoridades emiratíes comprenden perfectamente que su promesa, hecha a Donald Trump el año pasado, de invertir 1,4 billones de dólares, está en peligro debido a la necesidad de reconstruir la infraestructura dañada durante el conflicto.

Jugando la carta china

En este contexto, la demostración de una alternativa monetaria se convierte en una forma de recordar a Washington la necesidad de tener en cuenta los intereses de sus socios.

Esta táctica ya tiene precedentes. En el 2023, Arabia Saudita comenzó a aceptar yuanes por sus suministros de petróleo, lo que impulsó a Estados Unidos a intensificar los contactos diplomáticos y las negociaciones para ampliar la cooperación en materia de seguridad. En Abu Dabi, al parecer, han sacado las conclusiones pertinentes.