Murió ayer la abuela de la alegada neurocientífica Elizabeth Silverio Silien, tras enterarse de que su nieta había sido sentenciada a cinco años de cárcel por ejercer la medicina de manera ilegal.
La información fue ofrecida por Cándido Simón, abogado de Silverio Silien, quien envió una publicación de Instagram donde figura su cliente en una foto despidiéndose a su abuela. El nombre de la señora no fue de inmediato revelado por Simón.
En la publicación, Silverio Silien colgó un mensaje titulado “Hasta la mañana gloriosa”, en el que escribe: “Ve a los brazos del salvador, yo llevaré la palabra en mi memoria. Me enseñaste a proclamar la palabra, a leer la palabra de Dios, a vivirla; hoy no resistiré sin tu enseñanza”.
Prosigue: “Hoy me toca decirte a Dios hasta la mañana gloriosa, dónde te volveré a ver, pero no sin antes decirte, mamá, mantendré mi promesa intacta de no ir a los medios de comunicación de este país, de no conceder ningún tipo de entrevista hasta llevarte el papel de libertad a la tumba. Mamá, ayer fui noticia otra vez, pero volví a casa donde siempre me esperabas para que conectara la máquina de diálisis que te puse durante un año”.
Continúa: “Cada vez que me tocaba ir a audiencia sabía que tú me estabas esperando para decirme, mi hija, salmo 37, disputará el Señor contra los que contra ti contienden. Mamá, ayer proclamé tu palabra ENCIMA DE DIOS NADIE SE SIENTA! Porque de pie ante los hombres y de rodillas solo ante el eterno… De ti aprendí a servir al prójimo, de ti aprendí a leer con comprensión y escribir con profundidad, de ti aprendí a relacionarme con las personas, de ti aprendí integridad”, concluye el mensaje.
En su caso, el Ministerio Público, representado por la procuradora de corte Magalys Sánchez y la procuradora fiscal Laura Vargas, había solicitado 7 años de prisión, pero la juez Milagros Ramírez Cabrera, de la Novena Sala Penal del Distrito Nacional, decidió sentenciarla a cinco años.
En la motivación de la decisión, la juez estableció que las pruebas aportadas por el Ministerio Público demostraron que la imputada utilizó documentos falsificados, incluyendo títulos universitarios y un número de exequátur inexistente, con los que aparentaba una preparación profesional que no poseía.











