La actividad económica de Centroamérica y República Dominicana mostró en el primer cuatrimestre de 2026 un crecimiento interanual moderado, con señales de desaceleración en varios países, según el más reciente Reporte Mensual de Actividad Económica de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano.
El informe, publicado en julio de 2026, analiza la evolución del Producto Interno Bruto y del Índice Mensual de Actividad Económica en la región y releva diferencias en el dinamismo sectorial y en las perspectivas para los próximos trimestres.
Tras los repuntes de la recuperación pospandemia, las estimaciones del PIB regional reflejaron un ritmo menos acelerado en 2026. La variación interanual del PIB para la región CA se ubicó en 3,19%, mientras que para la región Centroamérica y República (CARD) fue de 3,38%, según la SECMCA.
Costa Rica y Nicaragua encabezaron el crecimiento económico en 2025 con tasas superiores al 4%, aunque en 2026 ambos países registraron una expansión moderada, con estimaciones de 3,5% y entre 3,5% y 4,5%, respectivamente.
El Salvador y Honduras se ubicaron en rangos de crecimiento de entre 3,0% y 4,0%, mientras que la República Dominicana presentó una proyección de entre 3,5% y 4,0% para el año en curso.
El análisis de los indicadores adelantados, como el IMAE, confirmó la moderación del crecimiento. Para abril de 2026, el crecimiento interanual acumulado del IMAE fue de 4.10% para Centroamérica, 4.21% para CAPARD, la región que incluye a Panamá, y 4.08% para CARD.
Panamá fue el país con mayor expansión, con una tasa acumulada de 4.81%. El Salvador, Guatemala y República Dominicana superaron el 4% de crecimiento acumulado, mientras que Costa Rica y Honduras quedaron por debajo de ese umbral, con tasas de 3.21% y 3.55%, respectivamente.
Los gráficos y tablas del reporte mostraron que, aunque la región mantuvo un crecimiento positivo en el primer cuatrimestre de 2026, la aceleración económica disminuyó frente a los años previos. La dinámica sectorial varió entre países. En Costa Rica, el crecimiento del IMAE a abril de 2026 estuvo impulsado por actividades financieras y de seguros (6,3%), administración pública y planes de seguridad social (6,3%), y electricidad, agua y servicios de saneamiento (4,5%).
Sectores como agricultura, silvicultura y pesca mantuvieron cifras negativas, con una contracción de -3,1%. En el resto de la región, las ramas de alojamiento y servicios de comida, así como las actividades profesionales, científicas y técnicas, también contribuyeron al crecimiento en 2026, aunque con menor dinamismo que en años anteriores.
Las cifras históricas de PIB trimestral evidenciaron el impacto de la pandemia en 2020, seguido por una recuperación sostenida en los trimestres posteriores. En el período 2021-2024, la mayoría de las economías centroamericanas y República Dominicana registraron tasas de crecimiento positivas y estables, aunque la tendencia al alza se moderó a medida que se normalizaban las condiciones globales.
Los gráficos de evolución del PIB real trimestral resaltaron que, durante 2025 y el primer trimestre de 2026, el nivel de producción se mantuvo estable o creció a menor ritmo en la mayoría de los países.
Proyecciones y diferencias metodológicas
Las estimaciones para 2027 apuntaron a la continuidad de esta tendencia moderada. Según los datos oficiales, las proyecciones de crecimiento para CARD y Costa Rica se ubicaron en torno a 3,6% y 3,7%, mientras que para Guatemala, Honduras y República Dominicana se estimaron rangos de entre 3,0% y 5,0%.
La Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano señaló que la interpretación de los datos debe considerar las diferencias metodológicas entre países, así como los distintos años base para el cálculo de los indicadores. Costa Rica, por ejemplo, utiliza 2022 como año base para el IMAE y el PIB, mientras que República Dominicana emplea 2007 y 2018, respectivamente.
Estos ajustes metodológicos pueden incidir en la comparación regional y en la lectura de tendencias de largo plazo. Entre los desafíos pendientes, el informe señaló la necesidad de fortalecer la diversificación sectorial y la resiliencia de los mercados laborales, en especial en sectores tradicionales como agricultura y construcción.











