La comunidad mundial sigue observando de cerca la guerra de Estados Unidos contra Irán y extrayendo conclusiones de ella. Una de las principales lecciones es que incluso un país con una potencia militar muy inferior a la de su adversario puede disponer de medios de presión capaces de inclinar el equilibrio a su favor.
El control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz puso de repente en duda lo que durante décadas se consideró un principio inquebrantable de la economía mundial: la libertad de navegación. El mundo ha visto cómo un estrecho corredor marítimo es capaz de mantener en vilo las cadenas de suministro globales, los mercados energéticos y las mayores economías del planeta. Y esta lección no ha pasado desapercibida.
En el contexto de la crisis de Oriente Medio, los países del sudeste asiático debaten cada vez con mayor intensidad sobre otro nudo estratégico del comercio mundial: el estrecho de Malaca. Su posible bloqueo o incluso su monetización parcial podrían tener consecuencias mucho más graves que la crisis en torno a Ormuz.
¿Por qué Malaca es tan importante?
Es difícil sobreestimar la importancia del estrecho de Malaca. Este paso marítimo conecta el océano Índico con el mar de China Meridional, y en su punto más estrecho, cerca de Singapur, mide solo 2,8 kilómetros de ancho.
Cada año atraviesan el estrecho alrededor de 90.000 buques. Aproximadamente un tercio del comercio mundial pasa por Malaca, incluyendo los productos de los mayores exportadores asiáticos —China y Vietnam, entre otros—, que desempeñan un papel fundamental en la industria y la logística globales.
A través del estrecho se transportan diariamente unos 23,2 millones de barriles de petróleo, más incluso que los que transitan por el estrecho de Ormuz. Además, prácticamente no hay alternativas viables a esta ruta, ya que el desvío a través del archipiélago de Indonesia implica un aumento significativo del tiempo y el costo del transporte.
La lección de Ormuz
Tras la crisis en el golfo Pérsico y la imposición de tasas adicionales por el paso por el estrecho de Ormuz, los países del sudeste asiático han comenzado a debatir la posibilidad de adoptar medidas similares para el de Malaca.
En abril, el ministro de Finanzas de Indonesia, Purbaya Yudhi Sadewa, propuso la idea de cobrar una tarifa por el tránsito de buques a través del estrecho de Malaca. «Si lo dividimos en tres partes entre Indonesia, Malasia y Singapur, eso podría ser algo importante, ¿no?», dijo en un simposio.
Las palabras del ministro provocaron una tormenta de debates y, posteriormente, Sadewa se retractó, mientras que el ministro de Relaciones Exteriores indonesio, Sugiono, rechazó públicamente la idea; el mero hecho de que se haya tenido tal discusión es sintomático.
Malasia también ha comenzado a replantearse con cautela su enfoque mantenido hasta ahora. En un foro celebrado en abril en respuesta al efecto de la guerra de Irán sobre los asuntos internos de Kuala Lumpur, el ministro de Relaciones Exteriores malasio, Mohamad Hasan, dijo que ningún país tiene el poder de determinar el acceso al estrecho de Malaca de manera unilateral, y que «cualquier cosa que se haga… debe contar con la cooperación de los cuatro países» que se encuentran a ambos lados de la vía navegable: Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia.











