A principios de mayo, un submarino estadounidense de misiles balísticos de clase Ohio –supuestamente el USS Alaska– apareció en Gibraltar en medio de las tensiones entre Washington y Teherán. Aunque las escalas de submarinos de EE.UU. en territorios británicos de ultramar no son algo extraordinario, esta visita llamó especialmente la atención por el tipo de buque involucrado, explica Luke Coffey, investigador sénior en el Instituto Hudson, con sede en Washington, en un artículo para The National Interest.
Los submarinos de clase Ohio constituyen uno de los pilares fundamentales de la disuasión nuclear del país norteamericano. Capaces de transportar hasta 20 misiles balísticos intercontinentales Trident II D5, representan uno de los activos más sensibles y estratégicamente importantes del arsenal militar de EE.UU. Su efectividad depende en gran medida del sigilo y la discreción, razón por la cual sus movimientos rara vez se hacen públicos.
En este contexto, la llegada de uno de estos buques a Gibraltar fue interpretada como algo más que una escala rutinaria. Algunos analistas la consideraron un mensaje dirigido a Irán. Otros la vieron como una señal hacia España, país que desde hace décadas reclama la soberanía sobre Gibraltar y que recientemente ha mantenido desacuerdos públicos con la Administración de Donald Trump en diversos asuntos geopolíticos. Por encima de todo, sin embargo, la visita sirvió para demostrar la solidez de la alianza entre EE.UU. y el Reino Unido, así como la importancia estratégica que Gibraltar sigue teniendo.











