El colibrí regresa cada día al mismo jardín o ventana por dos razones simultáneas: tiene una memoria espacial excepcional, documentada por la ciencia, y en la tradición mexicana su presencia ha sido interpretada desde tiempos prehispánicos como un vínculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
No llega por azar. Vuelve porque recuerda exactamente dónde encontró alimento antes, y porque el entorno que encontró le resultó seguro.
Los colibríes pueden memorizar hasta 10 fuentes de alimento distintas
La Universidad de Cornell documentó, a través de Cornell Chronicle, medio de comunicación oficial de esa universidad, que los colibríes poseen una de las memorias espaciales más desarrolladas entre las aves.
Los experimentos con colibríes ermitaños de pico largo mostraron que los individuos con mejor memoria espacial eran también los que dominaban territorios de alimentación, por encima de los que tenían mayor tamaño corporal o fuerza de vuelo.
Marcelo Araya Salas y su equipo de investigación confirmaron, en un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports que esta capacidad cognitiva supera en ventaja adaptativa a los atributos físicos.
Un colibrí puede recordar la ubicación de entre 8 y 10 bebederos o flores distintos, y retener esa información durante al menos 48 horas tras no haber visitado el sitio.
Si el mismo individuo aparece en la casa varios días seguidos, la explicación es concreta: formó un mapa mental del lugar y lo incorporó a su ruta de forrajeo diaria.
Los colibríes son aves territoriales. Una vez que identifican una fuente confiable de néctar, la defienden activamente frente a otros individuos de su especie.
Esa fidelidad al sitio, que los ornitólogos llaman filopatría de alimentación, explica por qué el mismo pájaro puede aparecer a horas similares durante semanas.
Las plantas que proveen néctar real —como mirtos, salvias, aretillos, toronjil y muicle— son las que generan ese vínculo, señaló María del Coro Arizmendi Arriaga, directora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM, en entrevista con la Dirección General de Comunicación Social de esa casa de estudios.
Cuando un jardín o balcón ofrece esas condiciones, el colibrí no solo regresa: establece el lugar como parte de su circuito regular.











