Trump frente a Europa: del «no estamos tratando con Winston Churchill» a las amenazas a España

Las relaciones entre EE.UU. y los países miembros de la Unión Europea (UE) están en su momento más tenso desde que en enero del año pasado el presidente Donald Trump volviera a la Casa Blanca.

La explosión de la guerra estadounidense-israelí contra Irán, una decisión tomada de forma unilateral sin consultar ni avisar a sus socios, ha fraccionado las reacciones europeas, que van desde la oposición frontal mostrada por España, a medias tintas de otros países e, incluso, a cambios de opinión sobre la marcha.

España a la cabeza del ‘No a la guerra’

El enfrentamiento con España viene de atrás, sobre todo desde que se negara a incrementar hasta el 5 % del PIB su gasto en Defensa en el marco de los acuerdos de la OTAN. Sin embargo, ahora se ha recrudecido después de que el Gobierno del presidente Pedro Sánchez se negara la semana pasada a autorizar el uso de las bases militares estadounidenses en su territorio para los ataques a Irán.

Trump reaccionó al día siguiente amenazando con cortar todo comercio y tratos con España. A las 24 horas, Sánchez redobló su apuesta y en un mensaje institucional televisado sostuvo un simple y rotundo ‘No a la guerra’. Volvió a calificar los ataques contra Irán como «imprudentes e ilegales» y dijo que no sería «cómplice de algo que es malo para el mundo».

De la misma manera, acusó a EE.UU. de jugar «a la ruleta rusa con el destino de millones de personas» y lanzó un dardo a Trump, tras afirmar que los líderes tenían el deber de mejorar las vidas de sus ciudadanos: «Es absolutamente inaceptable que aquellos líderes incapaces de cumplir con ese deber utilicen el humo de la guerra para ocultar sus fracasos y, de paso, llenen los bolsillos de unos pocos», espetó.

El equilibrio de Alemania

Trump vertió las amenazas contra España en el Despacho Oval en presencia del canciller alemán, Friedrich Merz, quien asintió en silencio y no hizo ningún amago de defender a su homólogo español. Quizá por el convencimiento de que eran unas amenazas casi imposibles de cumplir frente a un miembro del mercado común europeo, mientras que por otro lado no parece que tenga ninguna intención de contrariar al inquilino de la Casa Blanca.

Fue el símbolo perfecto de la postura de muchos líderes europeos durante los últimos 14 meses, tratando de apaciguar a un Trump que se ha mostrado irritable cuando no conseguía que se plegaran a sus exigencias. Así, han intentado mantener un equilibrio entre no molestar al mandatario estadounidense y conseguir mostrarse firmes en cuestiones como la soberanía de Groenlandia, también amenazada últimamente por Washington.

Alemania, que sí ha dado permiso para el uso de sus bases, se encuentra así en el mismo club que Italia, dos países a los que Trump a elogiado en los últimos días por su cooperación en su nueva cruzada bélica. De la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, dijo que era una gran líder que siempre intenta ayudar.

En el lado de los considerados rebeldes por Trump se encuentra Keir Starmer, el primer ministro de Reino Unido, quien en un inicio negó la autorización para el uso de las bases británicas para los bombardeos a Irán, aunque después cambió parcialmente de opinión para afirmar que sí permitiría su uso a EE.UU. pero tan solo para acciones defensivas.

El presidente estadounidense dedicó a Starmer un hiriente «No estamos tratando con Winston Churchill», para después decir que no necesitaba «gente que se una a las guerras» después de que ya las haya ganado, cuando el Reino Unido anunció el envío de un portaaviones al Mediterráneo tras el ataque iraní sobre una base militar británica en el bastión más oriental de la Unión Europea, Chipre.