Durante décadas, la imagen clásica del éxito profesional tuvo forma de escalera: entrar en una empresa, aprender, aguantar, ascender y, finalmente, mandar. Ser jefe era la prueba visible de haber progresado. Pero esa lógica empieza a resquebrajarse. En los últimos años se ha popularizado en el mundo anglosajón una expresión que resume el cambio: ‘conscious unbossing’, algo así como ‘renuncia consciente a ser jefe’, es decir, la decisión deliberada de no perseguir puestos de mando si ese ascenso implica más estrés, más disponibilidad para trabajar y menos vida personal.
El fenómeno no significa que los jóvenes rechacen trabajar, ganar más o tener una carrera. De hecho, muchos quieren crecer, aprender, ganar influencia y mejorar sus ingresos, pero no necesariamente convertirse en jefes en el sentido tradicional.
Diversas estadísticas recabadas en los últimos años apuntan a que la llamada generación Z (personas nacidas aproximadamente entre 1995 y 2010) parece menos dispuesta que las anteriores a aceptar el viejo contrato corporativo según el cual progresar exige asumir más presión, más reuniones, más conflictos internos y una disponibilidad casi ilimitada.
Datos duros de una tendencia clara
Uno de los datos más citados procede de la consultora Robert Walters. En una encuesta publicada en Reino Unido en 2024, el 52 % de los profesionales de la generación Z afirmaba que no quería convertirse en mando intermedio. El 72 % prefería progresar por una vía individual, basada en habilidades, especialización y desarrollo personal, antes que a través de la gestión de equipos. Mientras, el 69 % consideraba que los puestos de mando intermedio suponían mucho estrés a cambio una recompensa insuficiente.












