La diplomacia sin condenas del papa Francisco para pedir la paz en Ucrania

La diplomacia sin condenas del papa Francisco para pedir la paz en Ucrania

Ciudad del Vaticano, 15 mar (EFE).- ¿Por qué el papa no menciona Rusia o a su presidente Vladimir Putin cuando pide la paz en Ucrania?. En un editorial de la edición de hoy del diario vaticano, «L’Osservatore Romano», se explican los motivos de la diplomacia silenciosa y sin condenas que está llevando a cabo Francisco para «dejar un resquicio abierto» a la posibilidad de detener la guerra.

«Hay quienes han acusado al papa de silencio por no haber nombrado explícitamente a Putin, olvidando que en las guerras, los pontífices nunca llamaron al agresor por su nombre, no por cobardía o exceso de prudencia diplomática, sino para no cerrar la puerta, para dejar siempre un resquicio abierto a la posibilidad de detener el mal y salvar vidas humanas», explica Andrea Tornielli.

En un artículo de portada del diario vaticano, Tornielli, director editorial de la información vaticana, y de algún modo el principal portavoz del pontífice, señala que en las últimas semanas «Francisco ha sido objeto de algunas críticas por parte de quienes esperaban que en sus declaraciones públicas mencionara explícitamente el nombre de Vladimir Putin y de Rusia».

Rechaza estas acusaciones alegando que las palabras del pontífice no deben «reflejar los dictados de un telediario».

El director editorial de la información vaticana enumera los llamamientos que el papa ha realizado desde que comenzó la invasión rusa a Ucrania y destaca que «Francisco también quiso despejar el campo de la hipocresía del gobierno ruso, que insiste en llamar a la guerra en curso ‘operación militar especial’, enmascarando tras los juegos de palabras su verdadera y cruda realidad, la de una guerra de agresión».

Recuerdan desde el Vaticano que incluso Juan Pablo II durante la guerra en Kosovo, en 1999, nunca nombró a los autores de la limpieza étnica, manteniendo siempre un canal de contacto abierto con Serbia y tampoco nombró a los jefes de Estado occidentales que, en 2003, apoyaron la guerra en Irak basándose en informaciones falsas sobre las armas de destrucción masiva.

El padre Antonio Spadaro, director de la revista de la Compañía de Jesús, «Civiltá catolica» y uno de los más cercanos asesores del papa Francisco, explicaba este lunes en sus redes sociales a propósito de las críticas: «La diplomacia vaticana es clara pero no publicitaria. Se utiliza para tejer y coser, no para cortar. No condena a los líderes religiosos o políticos, para que pueda seguir siendo de ayuda».

«Apela a la resolución de conflictos y, en cambio, condena las elecciones y acciones políticas o estratégicas. El Sucesor de Pedro, que en los últimos años ha advertido proféticamente de la Tercera Guerra Mundial ya en marcha, sigue los pasos de sus predecesores y se sitúa junto a los inocentes, combatiendo el mal con el bien», añadía Spadaro.

El papa que también manda mensajes con sus los gestos ha enviado a la frontera con Ucrania a dos cardenales – al prefecto del dicasterio para el Desarrollo Integral, Michael Czerny, y al limosnero Konrad Krajewski – para que lleven ayuda y apoyo a los refugiados.

Mientras que, en varias ocasiones, el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, ha expresado la disposición de la Santa Sede a ayudar de cualquier manera posible en cualquier forma de mediación y ha pedido al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, que cese los ataques y garantice verdaderos corredores humanitarios.

El veterano «vaticanista» italiano, Marco Politi, en uno de sus artículos publicados en el diario «Fatto Quotidiano» afirma a su vez la importancia de que el Vaticano «se mantenga alejado de los tonos exagerados de los medios occidentales» contra Rusia y Putin.

Pues, subraya Tornielli, si el papa pudiera hacer algo en el plano político y diplomático, «sería posible precisamente porque los dirigentes rusos saben que no es un mediador unilateral, un agente camuflado de Occidente, con el que han entrado en un curso de colisión apocalíptico».

Cristina Cabrejas

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